2011-08-19 05:45:37http://www.jesuscaritas.it/wordpress/es/?p=238

¡Cuántas páginas han sido escritas y hoy todavía se escriben sobre Jesús de Nazaret! Volúmenes y volúmenes, estudios teológicos, obras literarias, ensayos, artículos, escritos espirituales, etc. Todo a partir de lo que conocemos de Jesús por medio de los evangelios, los cuales nos narran con abundancia de particularidades, sólo de los últimos años de su vida.

La parte más amplia de su recorrido terreno queda escondido a nuestros ojos y a nuestros oídos. Y bien este Jesús de Nazaret, como todo hombre, ha vivido todas la etapas evolutivas, desde la concepción hasta la edad adulta y de todo eso tenemos solo pocos flashes del relato de los Evangelios de la Infancia en Lucas, o alguna otra breve noticia en Mateo. La literatura y el cine – particularmente – han favorecido la creación de un Jesús imaginario sirviéndose a menudo de los evangelios apócrifos y otros textos extra-bíblicos elaborados por la creatividad y la fantasía humanas.

Jesús de Nazaret… Una ciudad tan querida por nuestra memoria de cristianos, pero al mismo tiempo una ciudad insignificante y desconocida al tiempo di Jesús. Sabemos con certeza que Nazaret no es citada nunca en el Antiguo Testamento. Non está ligada a ningún acontecimiento histórico-salvífico. Ningún rey, profeta, juez, ha encontrado en Nazaret un lugar de referencia para su vida. Al tiempo de Jesús no era ni siquiera una ciudad relevante desde un punto de vista social o político. Era una pequeña aldea, situada en una colina de Galilea, al norte de la Tierra prometida. En esta aldea de pocas familias ¡Jesús transcurre casi treinta años de su vida! Esto no puede que dejarnos sorprendidos.

Según Lucas, Nazaret es el principio de la Encarnación. No es sólo el anuncio de un enviado de Dios a una joven hebrea, sino el inicio de la presencia “física” de Dios en la historia de la humanidad. Nazaret entra de derecho en este proceso en el que Dios se hace, en carne y hueso, compañero del hombre. Nazaret, si queremos, es otro nombre para decir que Dios se ha hecho hombre y ha vivido como cualquier otro hombre.

Siempre Lucas nos recuerda, después del episodio de Jesús a doce años en el templo, que “regresó a Nazaret y les estaba sumiso” (2,39). Y aquí Jesús ha atravesado todos sus procesos de madurez, en el que ha vivido de familia, juego, trabajo, oración, amistades, relaciones, sonrisas, llantos, sudor, gozos y dolores. En Nazaret ha conocido las infinitas tonalidades de las emociones que la vida humana puede ofrecer y al mismo tiempo la profundidad del corazón del hombre. Si es verdad que con la Encarnación Dios se ha hecho hombre, es igualmente verdadero que en la vida de Nazaret Dios se ha convertido plenamente, en todas las dimensiones, física, psicológica y espiritual, hombre adulto.

Conocemos así poco de estos años y, sin embargo, Jesús pasará a la historia como “el Nazareno”, como el hombre de Nazaret. Escribe un teólogo de nuestros días: “Si tuviéramos que recoger todas la imágenes extraídas de las palabras de Jesús y de sus parábolas y las metiéramos juntas, obtendríamos una amplia imagen de la vida cotidiana de la Galilea antigua. Mientras estaba creciendo, Jesús ha tenido obviamente un ojo atento para observar el ambiente en el que vivía y lo que ha visto o escuchado lo habría de insertar en su predicación del reino” (G. O’Collins, Gesù nostro redentore. La via cristiana alla salvezza, Queriniana, Brescia 2009, p.101).

Jesús se identifica con estas sus raíces y con la vida transcurrida en su pueblo. Es la vida denominada ordinaria, hecha de cosas simples y normales, en la cual se crece y se madura; la vida que todos nosotros conocemos y vivimos y precisamente porque es normal muy a menudo nos parece incolora. Jesús se presenta a la historia de la humanidad como el hombre de la vida cotidiana y auténtica. Probaremos entonces a aproximarnos a esta vida “normal” de Jesús, probaremos a intuirla y gustarla a partir de sus palabras, a partir de las huellas que esta vida ha dejado en los años del ministerio público del Nazareno.

Será un viaje en el que nos meteremos en búsqueda de lo que han significado para el hijo de Dios los largos años transcurridos en Nazaret, pero será, nos lo esperamos, también un viaje para volver a meter al centro la vida cotidiana de cualquier hombre o mujer, los gozos, las fatigas, las relaciones, para encontrar el sentido profundo que las habitan, para conectarnos en un modo más atento a la única verdadera vida que se pueda vivir: la que vivimos hoy. Será como continuar a escribir páginas nuevas sobre aquel Jesús de Nazaret, pero no sobre libros de papel, sino sobre el gran libro de la Vida en la historia ordinaria de los hombres.

Marco Cosini

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