2012-03-13 19:23:50http://www.jesuscaritas.it/wordpress/es/?p=426

El conflicto árabe-israelí es aquel entre el Estado de Israel y sus vecinos árabes, en particular los palestinos. Su definición, historia y posibles soluciones son materia de permanente debate y los problemas que incluye varían con el tiempo; pero las revoluciones y protestas en el mundo árabe de 2010 a 2012 (denominadas por distintos medios como la Revolución democrática árabe o la Primavera árabe, que consisten en una serie de alzamientos populares en los países árabes, principalmente en el norte de África: Túnez, Egipto, Siria, etc.), han complicado aun más las cosas en Tierra Santa.

La situación del Estado de Israel, ya crítica en sí, es ulteriormente amenazada por el clima político del Medio Oriente en general. Normalmente los medios de comunicación concentran su atención a favor de la dimensión política y los continuos choques, a menudo sangrientos, entre policía y manifestantes. En un contexto generalizado de violencia, ¿qué es de los cristianos en Tierra Santa y en todo el Medio Oriente?

Se ha realizado recientemente en Nazareth (según afirman nuestros hermanos de allá) una conferencia acerca de los cristianos en Tierra Santa hoy. No se trató de una presentación de datos estadísticos, sino de una reflexión más profunda sobre la misión de los cristianos en tierra santa que es al mismo tiempo misteriosa, presentada en el contexto del tiempo de cuaresma.

El Patriarca latino emérito, Michel Sabbah, originario de Nazareth, afirmó que el sentimiento predominante en el que vive el cristiano en Tierra Santa hoy es el miedo. Miedo por el futuro de las familias y del futuro de la presencia cristiana en general; miedo que aumenta cada día por el clima que se respira en los países árabes vecinos.

En diferentes formas el Patriarca Sabbah renovó la invitación (que es la misma de Jesús) a no temer, a tener fe y a retomar en las manos la propia vida y el destino de la región a través de una renovada sensibilidad hacia la sociedad en la que el cristiano vive: «el mundo árabe soy yo; la Siria soy yo, el Medio Oriente soy yo». Palabras que expresan claramente la exhortación a sentirse plenamente protagonistas de la realidad y de la marcha que la historia está tomando. No es posible sentirse distantes o no involucrados y mucho menos indiferentes a lo que sucede en Israel y en los países colindantes.

Nos ponemos la pregunta: ¿Qué será del cristianismo en Siria? Pero la pregunta verdadera, según Sabbah, es: «¿Cuál será el futuro de Siria en su totalidad?». Lo que sucede en la sociedad no puede ser un problema solo de una parte de ella. O un país se une, formado por seres humanos que creen en la dignidad humana para hacerle frente a su futuro, o bien no tiene futuro. El cristiano no puede esperar en obtener “inyecciones” de cristianismo (personas, ideas, etc.) de Europa o de otros países, sino debe necesariamente construir su mismo futuro.

En ese contexto aparece la figura “tímida” del cristiano que normalmente trata de esconderse. Todo esto – siempre según el Patriarca – demuestra cuánto sea necesario que el mundo cristiano abandone el miedo y se haga cargo de la construcción activa de una sociedad más humana y más justa. La Iglesia, de hecho, está formada por «todos los grupos humanos o culturales presentes en la región. Si he confiado en el poder de la fe, si he vivido una vida intensa de oración y si he construido la sociedad, entonces he sido un creyente, cristiano». Y el poder de la fe a final de cuentas es el poder del amor.

Así, una persona, un palestino, un nazareno, un cristiano, un obispo, como Miche Sabbah, ha afirmado que el cristiano “soy yo”, el musulmán “soy yo”, el hebreo “soy yo”. El cristiano necesita abrir su corazón hacia todos, sin distinciones, y ser como el hilo que teje la unidad en una sociedad tan dividida para poder construir juntos el futuro sobre la base de la única familia que une a todos.

Estas reflexiones, incompletas pero preciosas e importantes, podrían iluminar no solo a los cristianos de Tierra Santa, sino también a los cristianos de todo el mundo y por tal razón deseamos compartirlas.

Oswaldo Curuchich


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