2013-03-17 13:08:14http://www.jesuscaritas.it/wordpress/es/?p=654

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.» (Jn 19, 25-28)

Es este uno de los pasos evangélicos que me gusta meditar en estos días de preparación a la Semana Santa y lo hago con la ayuda de un icono, el de “La Madre de Dios”, precisamente esa de la “deesis” palabra griega que quiere decir intercesión, súplica. Este es uno de tres iconos, uno central y dos laterales. Al centro encontramos el icono de Jesús Maestro, Esposo y de un lado encontramos el de María, al otro Juan el Bautista. Los dos sujetos laterales indican de una parte, el Bautista, la antigua alianza, pero también el “amigo del esposo” y Maria la nueva alianza y como sabemos, es figura de la Esposa, de la Iglesia.

Pues bien, en este paso del evangelio es muy claro como en el diálogo entre Jesús, su madre y el “discípulo amado”, Jesús mismo “revela” la identidad más profunda de María y lo hace llamándola “Mujer”, como Eva, como para decir que Maria es la nueva Eva, la nueva mujer. Y no es solo esto, diciéndole “Mujer, ahí tienes a tu hijo” le confía el discípulo amado que está al pié de la cruz representando a todos los hombres de todos los tiempos. Me gusta pensar que el evangelio no presenta el nombre del “discípulo amado” tal vez precisamente para que cada uno de nosotros se pueda identificar en él. La Tradición ha interpretado estas palabras de Jesús como un fundamento de la Iglesia de la cual María es un icono. De echo, todos nosotros somos entregados a nuestra Madre la Iglesia al momento del bautismo. Quiero citar las palabras de un teólogo italiano, Nicola Ciola, que expresa con más precisión lo que quiero decir: “María constituye la transición, el puente entre el antiguo y el nuevo pueblo de Dios. En esta persona única converge toda la alianza antigua, pero nace también, tipológicamente, el nuevo Israel, la Iglesia.”

Por esto me gusta meditar este paso contemplando el icono de María, o la “deesis” porque exprime muy bien esta posición entre Jesús y quien la observa. Si hacemos caso los ojos de María miran en dos direcciones, la primera hacia el alto, entonces hacia Jesús como en el momento de la muerte del Señor, lo mira con amor y atentamente, como la esposa mira al esposo, como la madre mira al hijo, y la segunda es hacia quien observa, nosotros. El todo es un conjunto bien organizado, Jesús es visto por Juan y María, es la condensación de la historia de la salvación. Historia que empieza con Adán y Eva, y pasa a través de los patriarcas y profetas hasta Juan el Bautista y alcanza el punto más alto con la encarnación de Jesús, el Hijo de Dios que ahora estamos invitados a contemplarlo como María y el “discipulo”, al pié de la cruz. En esta grande historia todo conduce a Cristo, y a Cristo crucificado. Me parece que esta sea la fuerza de los iconos: expresar con una imagen la grandeza de la Palabra, el icono mismo es una transcripción de la Palabra, que nos mete en grado, nos permite sentirnos abrazados por el misterio, este misterio por el que podemos llamar a Maria Madre de Dios y al mismo tiempo Madre nuestra.

Jonathan Cuxil

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