2014-01-18 18:07:45http://www.jesuscaritas.it/wordpress/es/?p=821

Mientras el Papa Francisco pronunciaba los nombres de los nuevos cardenales mi primer pensamiento fue el sentir fuertemente como la Iglesia no está fundada sobre hombres de piedra. Luego era suficiente ver el rostro del Papa para recibir una respuesta…

Seguidamente otro pensamiento me pasó por la mente: cuando el soviético Yuri Gagarin pronunció la frase memorable en la que expresaba su convicción que a pesar de haber viajado por decenas de millares de kilómetros en el espacio y haber buscado en vano sin haber encontrado a Dios, un cura de Moscú le respondió: “Es natural. Si no lo has encontrado aquí en la tierra, no lo encontarás jamás en el cielo…”.

De pronto mis pensamientos se interrumpieron porque el Papa pronunció este nombre: PHILIPPE NAKELLENTUBA QUÉDRAOGO, metropolita de Burkina Faso. ¡Sí, es él!, un hermano del continente africano, de un país pobre, donde Philippe se dona y se consuma por el anuncio del Evangelio. Estaba con nosotros el pasado mes de octubre, partió llevándose un abrigo de Leonardo porque aquí en Sassovivo sucede, como esa mañana, que haga frío o esté lloviendo, y nuestro amigo africano no venía preparado. Lo conoció por primera vez nuestro hermano Piero hace ya algunos años (1996), cuando se detuvo ante uno que se dirigía hacia Asís a puro “autostop”. Era un padre africano que estaba haciendo una peregrinación antes de ser consagrado obispo. Lo invitamos a conocer nuestra fraternidad, en esa ocasión nos estaba visitando nuestro obispo Mons. Arduino que lo acogió calurosamente, le regaló una cruz pectoral junto con un sobre mientras le decía: “al obispo, además de la cruz a menudo le sirven también las moneditas”. Y así inició nuestra amistad con Philippe, persona enamorada de Charles de Foucauld.

Y el Papa pronunció otro nombre: LORIS FRANCESCO CAPOVILLA.

“Nuestro don Loris”. “Le puedo seguir llamando así?” le pregunté por teléfono temprano al día siguiente. “Recuérdate que somos siempre pequeños y lo debemos seguir siendo”. Humilis Episcopus Ecclesiae Dei, como normalmente se considera.

Prácticamente toda mi vida ha sido marcada por la presencia de Mons. Capovilla (Navidad de 1958, primer año del pontificado del Papa Juan XXIII). Una tarjeta con foto y autógrafo del “Papa Giovanni”. Luego el periodo de la Acción Católica romana, el Concilio Vaticano II (la famosa Eucaristia con el Papa en la iglesia de Castello), el periodo cuando “don Loris” era obispo de Chieti, en Loreto los días de Arre, Sotto il Monte… Además la presencia de don Loris en la vida de nuestra Fraternidad (1973): las visitas a Limiti di Spello, los encuentros en la estación de Foligno cuando de Loreto viajaba a Roma ida y vuelta, en Sassovivo, todos momentos inolvidables. Al Goleto para la ordenación de Paolo, y más tarde en la fraternidad de Nazareth. Tenemos conservado en los archivos varios escritos de don Loris así como las cartas oficiales escritas en los momentos más importantes de nuestra vida comunitaria. No hay momento de nuestra vida fraterna que no haya sido bendecido por Mons. Capovilla. Jóvenes y adolecentes de nuestras parroquias que han sido acompañados por él y que han tenido siempre espacio en su memoria.

La última visita a Carlo Carretto cuando era ya en agonía en su pequeña celda de la Fraternidad de Spello para pedirle saludar en el Paraiso a Papa Giovanni y otros nombres que ambos conocían.

Yo no acostumbro escribir mi diario, pero si lo hubiese hecho, cuántos capítulos estuvieran dedicados a don Loris y a su cariño, a sus consejos, a sus cuidados.

¡Y quién dijo hombres de piedra!

Bergson pedía para nuestro mundo globalizado un “suplemento de alma”; eh aquí que el Espíritu Santo está veniendo en nuestra ayuda y la Iglesia lo expresa donándose a todos y por todos.

“Dios se hizo portador de la carne porque el hombre pudiese convertirse en portador del Espíriru” (San Atanasio de Alejandría).

Cuanto es cierto.

Para decirlo con don Loris (o mejor con Papa Juan XXIII): tantum aurora est!

fratel Gian Carlo jc

821open